miércoles, 27 de mayo de 2020

6°B-C, PRÁCTICAS DEL LENGUAJE

Plan de Continuidad Pedagógica
de Prácticas del Lenguaje.
  Señorita: Lorena. R.
                 Leer “El retrato oval”
¡Hola! Esta semana les propongo trabajar con un cuento muy famoso de Edgar Allan Poe, titulado “El retrato oval”. Como es un cuento un poco largo, vamos a leerlo en dos partes. Leemos la primera:

                                                        El retrato oval 

El castillo en el cual a mi criado, desgraciadamente herido como estaba, se le había ocurrido penetrar a la fuerza en vez de permitirme pasar una noche a la intemperie, era uno de esos edificios mezcla de grandeza y de melancolía que durante tanto tiempo se levantaron en medio de los Apeninos, tanto en la realidad como en la imaginación de Mistress Radcliffe. Según toda apariencia, el castillo había sido recientemente abandonado, aunque temporariamente. Nos instalamos en una de las habitaciones más pequeñas y menos suntuosamente amuebladas. Estaba situada en una torre aislada del resto del edificio. Su decorado era rico, pero antiguo y sumamente deteriorado. Los muros estaban cubiertos de tapicerías y adornados con un número verdaderamente prodigioso de pinturas modernas, ricas de estilo, encerradas en marcos dorados. Me produjeron profundo interés, y quizá mi incipiente delirio fue la causa, aquellos cuadros colgados no solamente en las paredes principales, sino también en los rincones que la arquitectura caprichosa del castillo hacía inevitable; hice a Pedro cerrar los pesados postigos del salón, pues ya era hora avanzada, encender un gran candelabro de muchos brazos colocado al lado de mi cabecera, y abrir completamente las cortinas de negro terciopelo, que rodeaban el lecho. Lo quise así para poder, al menos, si no conciliaba el sueño, distraerme alternativamente entre la contemplación de estas pinturas y la lectura de un pequeño libro que había encontrado sobre la almohada, en que las pinturas se criticaban y analizaban. Leí largo tiempo; contemplé las pinturas religiosas devotamente; las horas huyeron, rápidas y silenciosas, y llegó la medianoche. La posición del candelabro me molestaba y, extendiendo la mano con dificultad para no turbar el sueño de mi criado, lo coloqué de modo que arrojase la luz de lleno sobre el libro. Pero este movimiento produjo un efecto completamente inesperado. La luz de sus numerosas velas dio de  pleno en un nicho del salón que una de las columnas de la cama había hasta entonces cubierto con una sombra profunda. Vi envuelto en viva luz un cuadro que hasta entonces no había advertido. Era el retrato de una joven ya formada, casi mujer. Lo contemplé rápidamente y cerré los ojos. ¿Por qué? No me lo expliqué al principio; pero mientras mis ojos permanecieron cerrados, analicé rápidamente el motivo que me los hacía cerrar. Era un movimiento involuntario para ganar tiempo y recapacitar, para asegurarme de que mi vista no me había engañado, para calmar y preparar mi espíritu a una contemplación más fría y más serena. Al cabo de algunos momentos, miré de nuevo el lienzo fijamente. No era posible dudar, aun cuando lo hubiese querido; porque el primer rayo de luz al caer sobre el lienzo había desvanecido el estupor delirante de que mis sentidos se hallaban poseídos, haciéndome volver repentinamente a la realidad de la vida. [...]

Ahora que ya leyeron esta primera parte del cuento, respondan en su carpeta las siguientes preguntas:

1.   1 ¿Ya conocían este cuento? Algunas personas piensan que esta parte del cuento es  un poco oscura ¿Qué les parece a ustedes?

2. ¿Por qué el cuadro de la joven le habrá hecho cerrar los ojos al  narrador?

3. Lee el último fragmento: “porque el primer rayo de luz al caer sobre el lienzo había desvanecido el estupor delirante de que mis sentidos se hallaban poseídos, haciéndome volver repentinamente a la realidad de la vida” ¿Qué querrá decir con “volver repentinamente a la realidad de la vida”?
                                                                                     HASTA PRONTO...
                    

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