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lunes, 30 de agosto de 2021

4°A, B y C

 4°A-B-C AGENDA DE LA SEMANA DEL 30/08 AL 03/09

¡Buen comienzo de semana! Les dejamos las actividades de esta semana para las burbujas que esta semana estudian de forma virtual. Cualquier duda que tengan nos escriben.
Muchos cariños.
Seños Alicia, Carolina y Gisele.

PRÁCTICAS DEL LENGUAJE

ACTIVIDAD N°1:  El loro pelado 


Esta semana seguiremos trabajando con otro cuento de la selva de Horacio Quiroga. .



EL LORO PELADO

Había una vez una banda de loros que vivía en el monte.


De mañana temprano iban a comer choclos a la chacra, y de tarde comían naranjas. Hacían gran barullo con sus gritos, y tenían siempre un loro de centinela en los árboles más altos, para ver si venía alguien. Los loros son tan dañinos como la langosta, porque abren los choclos para picotearlos, los cuales, después, se pudren con la lluvia. Y como al mismo tiempo los loros son ricos para comer guisados, los peones los cazaban a tiros.


Un día un hombre bajó de un tiro a un loro centinela, el que cayó herido y peleó un buen rato antes de dejarse agarrar. El peón lo llevó a la casa, para los hijos del patrón, los chicos lo curaron porque no tenía más que un ala rota. El loro se curó muy bien, y se amansó completamente. Se llamaba Pedrito. Aprendió a dar la pata; le gustaba estar en el hombro de las personas y con el pico les hacía cosquillas en la oreja.


Vivía suelto, y pasaba casi todo el día en los naranjos y eucaliptos del jardín. Le gustaba también burlarse de las gallinas. A las cuatro o cinco de la tarde, que era la hora en que tomaban el té en la casa, el loro entraba también en el comedor, y se subía con el pico y las patas por el mantel, a comer pan mojado en leche. Tenía locura por el té con leche. Tanto se daba Pedrito con los chicos, y tantas cosas le decían las criaturas, que el loro aprendió a hablar. Decía: "¡Buen día. lorito!..." "¡Rica la papa!..." "¡Papa para Pedrito!..." Decía otras cosas más que no se pueden decir, porque los loros, como los chicos, aprenden con gran facilidad malas palabras.


Cuando llovía, Pedrito se encrespaba y se contaba a sí mismo una porción de cosas, muy bajito. Cuando el tiempo se componía, volaba entonces gritando como un loco.


Era, como se ve, un loro bien feliz, que además de ser libre, como lo desean todos los pájaros, tenía también, como las personas ricas, su five o'clock tea.


Ahora bien: en medio de esta felicidad, sucedió que una tarde de lluvia salió por fin el sol después de cinco días de temporal, y Pedrito se puso a volar gritando:


-"¡Qué lindo día, lorito!... ¡Rica papa!... ¡La pata, Pedrito!..."-y volaba lejos, hasta que vio debajo de él, muy abajo, el río Paraná, que parecía una lejana y ancha cinta blanca. Y siguió, siguió, siguió volando, hasta que se asentó por fin en un árbol a descansar.


Y he aquí que de pronto vio brillar en el suelo, a través de las ramas, dos luces verdes, como enormes bichos de luz.


-¿Qué será?-se dijo el loro-. "¡Rica, papa!..." ¿Qué será eso?... "¡Buen día, Pedrito!..."


El loro hablaba siempre así, como todos los loros, mezclando las palabras sin ton ni son, y a veces costaba enterderlo. Y como era muy curioso, fue bajando de rama en rama, hasta acercarse. Entonces vio que aquellas dos luces verdes eran los ojos de un tigre que estaba agachado, mirándolo fijamente.


Pero Pedrito estaba tan contento con el lindo día, que no tuvo ningún miedo.


-¡Buen día, tigre!-le dijo-. "¡La pata, Pedrito!..."


Y el tigre, con esa voz terriblemente ronca que tiene le respondió:


-¡Bu-en-día!


-¡Buen día, tigre! -repitió el loro-. "¡Rica papa!... ¡rica papa!... ¡rica papa!..."


Y decía tantas veces "¡rica papa!" porque ya eran las cuatro de la tarde, y tenía muchas ganas de tomar té con leche. El loro se había olvidado de que los bichos del monte no toman té con leche, y por esto lo convidó al tigre.


-¡Rico té con leche!- le dijo-. "¡Buen día, Pedrito!..." ¿Quieres tomar té con leche conmigo, amigo tigre?


Pero el tigre se puso furioso porque creyó que el loro se reía de él, y además, como tenía a su vez hambre se quiso comer al pájaro hablador. Así que le contestó:


-¡Bue-no! ¡Acérca-te un po-co que soy sordo!


El tigre no era sordo; lo que quería era que Pedrito se acercara mucho para agarrarlo de un zarpazo. Pero el loro no pensaba sino en el gusto que tendrían en la casa cuando él se presentara a tomar té con leche con aquel magnífico amigo. Y voló hasta otra rama más cerca del suelo.


-¡Rica papa, en casa! -repitió, gritando cuanto podía. 


-¡Más cer-ca! ¡No oi-go!-respondió el tigre con su voz ronca.


El loro se acercó un poco más y dijo:


-¡Rico té con leche!


-¡Más cer-ca toda-vía!- repitió el tigre.


El pobre loro se acercó aun más, y en ese momento el tigre dio un terrible salto, tan alto como una casa, y alcanzó con la punta de las uñas a Pedrito. No alcanzó a matarlo, pero le arrancó todas las plumas del lomo y la cola entera. No le quedó una sola pluma en la cola.


-¡Tomá! - Rugió el tigre-. Andá a tomar té con leche...


El loro, gritando de dolor y de miedo, se fue volando, pero no podía volar bien, porque le faltaba la cola que es como el timón de los pájaros. Volaba cayéndose en el aire de un lado para otro, y todos los pájaros que lo encontraban se alejaban asustados de aquel bicho raro. Por fin pudo llegar a la casa, y lo primero que hizo fue mirarse en el espejo de la cocinera. ¡Pobre Pedrito! Era el pájaro más raro y más feo que puede darse, todo pelado, todo rabón y temblando de frío. ¿Cómo iba a presentarse en el comedor; con esa figura? Voló entonces hasta el hueco que había en el tronco de un eucalipto y que era como una cueva, y se escondió en el fondo, tiritando de frío y de vergüenza.


Pero entretanto, en el comedor todos extrañaban su ausencia:


-¿Dónde estará Pedrito?- decían. Y llamaban ¡Pedrito! ¡Rica papa, Pedrito! ¡Té con leche, Pedrito!


Pero Pedrito no se movía de su cueva, ni respondía nada, mudo y quieto. Lo buscaron por todas partes, pero el loro no apareció. Todos creyeron entonces que Pedrito había muerto, y los chicos se echaron a llorar.


Todas las tardes, a la hora del té, se acordaban siempre del loro, y recordaban también cuánto le gustaba comer pan mojado en té con leche. ¡Pobre Pedrito! Nunca más lo verían porque había muerto.


Pero Pedrito no había muerto, sino que continuaba en su cueva sin dejarse ver por nadie, porque sentía mucha vergüenza de verse pelado como un ratón. De noche bajaba a comer y subía en seguida. De madrugada descendía de nuevo, muy ligero, e iba a mirarse en el espejo de la cocinera, siempre muy triste porque las plumas tardaban mucho en crecer.


Hasta que por fin un día, o una tarde, la familia sentada a la mesa a la hora del té vio entrar a Pedrito muy tranquilo, balanceándose como si nada hubiera pasado. Todos se querían morir, morir de gusto cuando lo vieron bien vivo y con lindísimas plumas.


-¡Pedrito, lorito!- le decían-. ¡Qué te pasó, Pedrito! ¡Qué plumas brillantes que tiene el lorito!


Pero no sabían que eran plumas nuevas, y Pedrito, muy serio, no decía tampoco una palabra. No hacía sino comer pan mojado en té con leche. Pero lo que es hablar, ni una sola palabra.


Por eso, el dueño de casa se sorprendió mucho cuando a la mañana siguiente el loro fue volando a pararse en su hombro, charlando como un loco. En dos minutos le contó lo que había pasado: Un paseo al Paraguay, su encuentro con el tigre, y lo demás; y concluía cada cuento cantando:


-¡Ni una pluma en la cola de Pedrito! ¡Ni una pluma! ¡Ni una pluma! Y lo invitó a ir a cazar al tigre entre los dos.


El dueño de casa, que precisamente iba en ese momento a comprar una piel de tigre que le hacía falta para la estufa, quedó muy contento de poderla tener gratis. Y volviendo a entrar en la casa para tomar la escopeta, emprendió junto con Pedrito el viaje al Paraguay.


Convinieron en que cuando Pedrito viera al Tigre, lo distraería charlando, para que el hombre pudiera acercarse despacito con la escopeta.


Y así pasó. El loro, sentado en una rama del árbol, charlaba y charlaba, mirando al mismo tiempo a todos lados, para ver si veía al tigre. Y por fin sintió un ruido de ramas partidas, y vio de repente debajo del árbol dos luces verdes fijas en él: eran los ojos del tigre. 


Entonces el loro se puso a gritar:


-¡Lindo día!... ¡Rica papa!... ¡Rico té con leche!... ¿Querés té con leche?...


El tigre enojadísimo al reconocer a aquel loro pelado que él creía haber muerto, y que tenía otra vez lindísimas plumas, juró que esa vez no se le escaparía, y de sus ojos brotaron dos rayos de ira cuando respondió con su voz ronca:


-¡Acer-ca-te más! ¡Soy sor-do!


El loro voló a otra rama más próxima, siempre charlando:


-¡Rico, pan con leche!... ¡ESTÁ AL PIE DE ESTE ARBOL !...


Al oír estas últimas palabras, el tigre,lanzó un rugido y se levantó de un salto.


-¿Con quién estás hablando?- bramó-. ¿A quién le has dicho que estoy al pie de este árbol?


-¡A nadie, a nadie!- gritó el loro-. "¡Buen día, Pedrito!... ¡La pata, lorito!... "


Y seguía charlando y saltando de rama en rama, y acercándose. Pero él había dicho: está al pie de este árbol para avisarle al hombre, que se iba arrimando bien agachado y con la escopeta al hombro.


Y llegó un momento en que el loro no pudo acercarse más, porque si no, caía en la boca del tigre, y entonces gritó:


-"¡Rica papa! ... " ¡ATENCIÓN!


-¡Más cer-ca aun!- rugió el tigre, agachándose para saltar.


-¡Rico, té con leche!... ¡CUIDADO VA A SALTAR!


Y el tigre saltó, en efecto. Dio un enorme salto, que el loro evitó lanzándose al mismo tiempo como una flecha en el aire. Pero también en ese mismo instante el hombre, que tenía el cañón de la escopeta recostado contra un tronco para hacer bien la puntería, apretó el gatillo, y nueve balines del tamaño de un garbanzo cada uno entraron como un rayo en el corazón del tigre, que lanzando un bramido que hizo temblar el monte entero, cayó muerto. 


Pero el loro, ¡qué gritos de alegría daba! ¡Estaba loco de contento, porque se había vengado- ¡y bien vengado!- del feísimo animal que le había sacado las plumas!


El hombre estaba también muy contento, porque matar a un tigre es cosa difícil, y, además, tenía la piel para la estufa del comedor.


Cuando llegaron a la casa, todos supieron por qué Pedrito había estado tanto tiempo oculto en el hueco del árbol y todos lo felicitaron por la hazaña que había hecho.


Vivieron en adelante muy contentos. Pero el loro no se olvidaba de lo que le había hecho el tigre, y todas las tardes, cuando entraba en el comedor para tomar el té se acercaba siempre a la piel del tigre, tendida delante de la estufa, y lo invitaba a tomar té con leche.


-¡Rica papa!... -le decía-. ¿Querés té con leche?. ¡La papa para el tigre!...


Y todos se morían de risa. Y Pedrito también.

ACTIVIDAD Nº 2:


ACTIVIDAD N°3

ACTIVIDAD N° 4:


  1. Pedrito que es sordo?

  2. ¿ Por qué el tigre quiso comer a Pedrito?

  3. Busca en el cuento el plan de Pedrito y el patrón para cazar al tigre. Anotalo en la carpeta.

  4. Pedrito, además de conversar con el tigre, dice algunas frases para que el patrón pueda ubicar donde está el tigre. Copiá en la carpeta las indicaciones de Pedrito al patrón.



MATEMÁTICA 


ACTIVIDAD N° 1: DIVISIÓN

  1. SI 4 VECES 100 ES 400 O 4 X 100= 400 ¿CUÁNTOS GRUPOS DE 100 CARAMELOS PUEDO HACER  CON 400 CARAMELOS?

400: 100 =


  1. 8 AMIGOS QUIEREN REPARTIRSE LAS 78 FIGURITAS QUE TIENEN EN PARTES IGUALES. ¿CUÁNTAS LE CORRESPONDE A CADA UNO?


  1. HAY PONER ALFAJORES EN CAJAS. SI EN CADA CAJA ENTRAN 10 ALFAJORES.

  1. ¿CUÁNTAS CAJAS SE PUEDEN ARMAR CON 90 ALFAJORES?

  2. ¿ Y CON 100 ALFAJORES?


    4. ¿CUÁNTO ES?

100: 2=                           1000 : 2=                  20:5=

60:6=                               300:3=                     48:6=

40:10=                             700:7=                     25:5=


ACTIVIDAD Nº2:



 ACTIVIDAD Nº3:


ACTIVIDAD Nº4: ESTIMAR MEDIDAS DE LONGITUD, CAPACIDAD Y PESO


CIENCIAS SOCIALES


ACTIVIDAD N°1:


  1. ¿ Qué pueblos formaban parte de los Diaguitas?

  2. ¿ En qué actuales provincias habitaban los Diaguitas?

  3. ¿Por qué vivían en lugares altos de la montaña?

  4. ¿ Qué producían?

  5. ¿Qué es la Pachamama? ¿ Por qué pensas que era importante para este pueblo?

CIENCIAS NATURALES

ACTIVIDAD N° 1:LOS SERES VIVOS


 

miércoles, 26 de mayo de 2021

AGENDA SEMANAL 4º A, B Y C SEMANA DEL 26 AL 28 DE MAYO

 AGENDA DE 4TO A-B-C PERIODO 26/5 AL 28/5/21 

PL: Narraciones que presentan un mismo tema o una situación recurrente. 

MAT:  Lectura, composición y descomposición de números.

Cs : calendario Escolar : Revolución de Mayo. 



MIÉRCOLES 26/5/21 

Calendario escolar: REVOLUCIÓN DE MAYO

1. Leamos el siguiente texto sobre la Revolución de mayo extraído  de una enciclopedia online: (Fuente: https://enciclopediadehistoria.com/revolucion-de-mayo/

REVOLUCIÓN DE MAYO 

La Revolución de Mayo comprende la serie de eventos históricos que acontecieron durante  el mes de mayo de 1810 en Buenos Aires, Argentina. 


 ¿Qué fue la Revolución de Mayo? 

Se llama Revolución de Mayo a la serie de eventos históricos que acontecieron  durante el mes de mayo de 1810 en Buenos Aires, Argentina. Se considera que esta  revolución impulsó la conformación del primer Estado del país y el proceso de Independencia  de Argentina, el cual culminaría seis años después, el 9 de julio de 1816, con la declaración  formal de la Independencia dictada en el Congreso de Tucumán. 

 Los acontecimientos de la revolución se desarrollaron durante la llamada Semana de  Mayo, la cual inició el 18 de aquel mes de 1810 cuando en España cayó la Junta Suprema  Central, el gobierno español, que había nombrado como virrey de Buenos Aires a Hidalgo  de Cisneros. 

 Durante los días posteriores, los patriotas argentinos reunieron las milicias  y citaron al pueblo a un cabildo abierto para debatir acerca de una nueva autoridad  política, exponiendo que la autoridad del virrey era ilegítima ya que la junta que le había  otorgado el cargo no existía más. 

 El 25 de mayo de 1810, el virrey Hidalgo de Cisneros presentó su renuncia en  vista del gran descontento popular, a partir de la cual se formó la Primera Junta de  Gobierno, dirigida por Cornelio Saavedra y constituida por idealistas criollos que aún  gobernaban en nombre del rey Fernando VII de España. 

2. Luego responde:

  • ¿ A qué se llama Revolución de Mayo?

  • ¿ Por qué es tan importante este acontecimiento?

  • ¿ Cuándo comenzó la semana de mayo de 1810? ¿ Cuál fue el motivo?

  • Investiga qué sucedió en la semana de Mayo. Luego escribe en la carpeta.

JUEVES 27/5/21

TIRO AL BLANCO

1.Sofía jugó  al tiro al blanco. Realizó tres tiradas, las pelotitas cayeron de la siguiente manera. Anotá el puntaje que obtuvo en cada tirada y el puntaje total.

2. Valentín y Ramiro jugaron con el siguiente tablero.

Los niños sacaron el mismo puntaje, pero sus pelotitas cayeron en zonas diferentes. Pensá una forma en la que pudieran haber caído las pelotitas para cada uno. Podés usar el tablero para probar.

3. ¿Con cuál o cuáles de estos cálculos se obtiene el número 6.987?

a- 6 x 1000 + 9 x 100 + 8 x 10 + 7

b- 6 x 1000 + 7 x 1+ 8 x 10 + 100 x 9

c-  + 6000 + 900 + 80 + 9

VIERNES 28/05/21 

El herrero y el diablo



📚 Leé el cuento El herrero y el diablo y, si podés, compartí la lectura con alguien que acompañe en casa.

El herrero y el diablo*

Hace muchísimos años, allá por donde el diablo perdió el poncho, había un camino polvoriento que iba para el lado del cerro, y a orillas del camino había un pueblito, y justo donde terminaba el pueblito había una higuera, y al lado de la higuera había un ranchito en el que vivía un anciano herrero. No hacía falta más que ver dónde moraba el hombre para darse cuenta de lo pobre que era su pobreza. Es que con los años el ranchito se le había ido torciendo para el lado del cerro, y cada día el viento jugaba a peinarle y despeinarle el techo de paja. Tan, pero tan pobre era que en el pueblo se habían olvidado de su nombre, pues desde que tenían memoria todos le decían Miseria. Un día, ya cansado de su pobreza, exclamó:

—¡Daría mi alma al diablo por unos cuantos años de felicidad y riqueza!

Ya se sabe que al Malo no hay que nombrarlo nunca, porque siempre anda a la caza de ingenuos. En ese preciso instante se escuchó un estrépito como de trueno desafinado, y de una espesa niebla amarilla salió un caballero tan elegante y educado que nadie hubiera adivinado que se trataba de un diablo.

—Aquí estamos, para servirlo –dijo el caballero desplegando un papel–. Hablemos de negocios. Una firmita por aquí, otra firma por allá y ¡listo! Diez años de riqueza y felicidad a su entera disposición. Sin pensarlo dos veces, Miseria firmó y el caballero desapareció. Enseguida el herrero notó un resplandor extraño que salía desde una bolsa de papas que estaba echada en un rincón. Al abrirla comprobó asombrado que cada papa estaba ahora hecha de oro macizo.

En menos de lo que canta un gallo, se fue al pueblo y empezó a gastar a manos llenas. Y como el pueblo pronto le quedó chico a su riqueza, se fue a correr mundo y a darse la gran vida: los mejores hoteles, manjares a toda hora, trajes de etiqueta. Ahora todos lo trataban como a un gran señor, y se apresuraban a cumplir cada uno de sus caprichos. “Enseguida, Don Miseria”, le decían unos. “Como guste, Mister Miseria”, se esmeraban otros, dependiendo del país por donde anduviera.

De lujo en lujo, el tiempo se le pasó volando, así es que cuando estaban por cumplirse los diez años se volvió al pago y se puso a esperar que lo vinieran a buscar.

Resulta ser que mientras esperaba acertaron a pasar por allí cerca nada más ni nada menos que Jesús y San Pedro, que de vez en cuando sabían darse una vuelta por el mundo vestidos de paisanos pobres, para ver si aún quedaba bondad en los corazones de la gente. Y quiso la fortuna que la mula en la que iban perdiera una herradura justo justo cuando pasaban por la herrería de Miseria.

Llamaron a la puerta y, cuando salió el herrero, le pidieron ayuda. Hacía años que Miseria no arreglaba una herradura, así que revolvió entre sus antiguos trastos hasta dar con un manubrio de bicicleta bastante oxidado. Con mucha maña, lo utilizó para fabricar una herradura con la que herró a la mula.

Terminado el trabajo, Jesús preguntó al herrero:

—¿Qué deseas a cambio de tu favor?

—Nada ¿Qué les puedo pedir a ustedes? –respondió Miseria–. Bien se ve que son más pobres que yo.

Conmovido por la generosidad de aquel hombre, Jesús decidió premiarlo.

—Has de saber que soy Jesús y este de aquí es San Pedro -dijo- . Para retribuir semejante generosidad te concederé tres gracias. Puedes pedir lo que quieras. 

Miseria se quedó mirándolos boquiabierto, sin atinar a nada. A lo mejor porque pensaba que tenía enfrente un par de chiflados. O quizás estaba tan aturdido por la sorpresa que no sabía qué pedir.

—¡El Cielo! ¡Pedí que tu alma vaya al Cielo! –le sopló San Pedro al oído. Pero Miseria, a quien no le gustaba que le dijeran lo que tenía que hacer, no le hizo caso. En cambio, se tomó su tiempo y recorrió con la mirada la humilde habitación, como buscando algo. De pronto se le iluminaron los ojos, como si hubiera tenido una gran idea. Acto seguido, señalando una silla descalabrada, expresó su primer deseo.

—La primera gracia que quiero pedir es que todo aquel que se siente en esa silla no se pueda levantar sin mi permiso.

—Concedida –dijo Jesús, de lo más sorprendido por tan descabellado pedido.

—¡Pedí el Cielo, te dije! –insistió nervioso San Pedro.

Pero Miseria lo miró de reojo con sorna y de nuevo lo desoyó para pedir lo que a él le parecía lo mejor.

—Como segunda gracia, quiero que todo aquel que se suba en ese árbol no se pueda bajar sin mi permiso -dijo mientras señalaba la enorme higuera de su patio.

—Concedido –dijo Jesús, intrigado y un tanto divertido. —¡Jamás he concedido cosas más disparatadas! Pero ahora, anciano, concéntrate y piensa bien lo que vas a pedir, porque es la última gracia que te queda.

—¡Pedí el Cielo, viejo porfiado! –se enfureció San Pedro.

—¡Porfiada será su abuela! ¡Porfiada y metida! ¡Voy a pedir lo que me venga en gana! Voy a pedir… voy a pedir… –agregó el herrero dubitativo- ¡que todo aquel que se meta en esa bolsa no pueda salir de ella sin mi permiso! -remató señalando la bolsa que tuviera las papas de oro, y que ahora estaba vacía. San Pedro suspiró resignado, y Miseria se quedó mirándolo con aire de victoria.

Una vez concedidas las tres gracias, los viajeros se despidieron y se perdieron por el camino.

No pasó mucho rato cuando apareció el diablo con el que había cerrado trato diez años antes. Esta vez no sonaba tan amable.

—Bueno, Miseria, es tu hora –dijo– Ahora te venís conmigo.

—Cómo no, pero recién llego de viaje y no quisiera presentarme por allá con tan mal aspecto –respondió–. Si me permite, me voy a arreglar un poco. Siéntese no más, Don Diablo, que enseguida estoy con usted.

El diablejo, como era uno de los de más bajo rango en la organización, andaba todo el día de acá para allá haciendo mandados para los diablos mayores, así que estaba muy cansado y se sentó.

Al regresar Miseria encontró al diablo sentado en la silla descalabrada, y se echó a reír para sus adentros.

—Ya podemos ir saliendo –invitó risueño.

El diablo tironeó, saltó y se retorció hasta que la cara se le puso roja como un tomate, pero todos sus esfuerzos por librarse de la silla fueron inútiles, porque seguía tan sentado como siempre.

—Me olvidé de avisarle que esa silla tiene sus mañas. Si quiere volverse para su pago me va a tener que dar unos añitos más de riqueza y felicidad.

Con tal de irse, el diablo le firmaba lo que fuera. Pero en el infierno no quedaron conformes con el arreglo.

Miseria se fue otra vez a darse la gran vida por el mundo. Lujo que te lujo, el tiempo voló otra vez, y al cabo de diez años volvió por la herrería.

Casi en seguida llegaron a llevárselo. Esta vez, seguramente para reforzar la expedición, habían enviado tres diablos, los que lo miraban con desconfianza.

—Venite con nosotros rapidito y sin triquiñuelas ¡Ah! y te avisamos que no nos pensamos sentar. 

—Faltaba más, ya mismo voy a prepararme... Los higos están a punto, por si gustan los señores mientras esperan –invitó Miseria y se metió para adentro.

Y como los diablos son muy golosos, y tienen especial debilidad por los higos maduros, se treparon a la higuera para darse un festín. Cuando ya les dolió la panza de tanto comer, se quisieron bajar, pero estaban pegados a las ramas de tal forma que era imposible hacerlo, así que empezaron a gritar rojos de rabia para que Miserialos bajara.

—¿Quieren bajar? No hay problema. Lo único que tienen que hacer es invitarme otra ronda de felicidad y riqueza.

Empachados como estaban, los diablos firmaron cualquier cosa. Pero en el infierno hubo gran descontento, y más de un funcionario tuvo que renunciar.

Mientras tanto, Miseria andaba otra vez por el mundo, gastando a más no poder. Diez años después, mucho más viejo y un poco cansado de tanta andanza ya, se volvió a su herrería, que ahora era casi una tapera.

Allí se encontró con un gentío que lo estaba esperando. Esta vez el infierno completo había venido a buscarlo, con Mandinga a la cabeza.

 —Bueno Miseria, ya te divertiste bastante. Te venís para abajo conmigo, ahora mismo y sin chistar. ¡Quién te habrás creído que sos, viejo ladino! -le gritó.

—Yo soy Miseria, el herrero del pueblo. Pero ¿y usted, que cacarea tan alto, quién es?

—¿Quién soy yo? ¿Cómo que quién soy yo? Yo soy el malo entre los malos. Yo puedo enviarte calamidades de todo tipo y talla: puedo hacer que el cielo se vuelva de ceniza, pero puedo también hacer que se te derrame la leche sobre el fuego por más que la vigiles.

—Disculpe que desconfíe, pero la verdad es que lo veo igualito a los otros que ni bajarse de un árbol pudieron… –porfió Miseria, provocativo–. Si tan poderoso es, demuéstrelo. ¡A que no puede convertirse usted y toda su diablada en hormigas y meterse en esa bolsa!

Y Mandinga, un poco picado por la soberbia y otro poco porque temía perder autoridad ante los otros diablos, golpeó el piso con el pie. Al instante él y todos los diablos se convirtieron en hormigas que enseguida rumbearon en fila, muy ordenaditas, para la bolsa.

Entonces Miseria la cerró bien cerrada y empezó a agitarla de arriba abajo y de abajo arriba, y a rebolearla por el aire como si estuviera espantando avispas con ella.

Ni quieran saber cómo aullaban aquellos pobres diablos ahí dentro…

De ahí en más, día tras día, Miseria se levantaba tempranito con la fresca, y lo primero que hacía para empezar bien el día era pegarle una buena sacudida a los diablos, que no paraban de suplicarle que los bajaran de semejante montaña rusa.

Hasta que un día consideró que ya habían tenido suficiente.

—Los voy a dejar salir, pero a condición de que queden todos los anteriores tratados cancelados, y deben comprometerse a no volver nunca jamás por aquí -dijo Miseria, que de pronto hablaba como un letrado.

Lloraban los diablos, y ni bien salieron de la bolsa firmaron todo lo que Miseria les puso adelante.

Cuando se quedó solo el viejo herrero lanzó un hondo suspiro. Había sido pobre, rico, pobre otra vez. Había andado en tratos con Jesús y con Mandinga. Y sintiéndose de pronto muy cansado, se puso el mejor poncho que le quedaba y se tendió en el catre para soltar su alma. No bien se murió, se fue derecho al Cielo. Y ya se metía, cuando lo vio San Pedro:

—¿Qué andás haciendo por estos lados, Miseria? ¿No estarás queriendo entrar, no?

— Y… si se puede… –contestó Miseria con timidez.

—De ninguna manera. Tres veces te dije que pidieras el Cielo, y tres veces lo rechazaste ¡Y encima me trataste de porfiado y de metido! Ahora no podés entrar. Despejáme la entrada, por favor…

Como no tenía otro lugar donde ir, Miseria se fue para el lado del infierno. Cuando el gran portón de hierro incandescente se abrió ante él, se armó una terrible batahola en el lugar, y Mandinga, a quien todavía no se le había pasado el dolor de cabeza producto de sus paseos en bolsa, ordenó con un tremendo vozarrón:

—¡Cierren todas las puertas! ¡Que por nada del mundo entre ese viejo tramposo!

Y es así que a Miseria no le quedó más remedio que volverse para el pago, donde quedó como alma en pena. De luna en luna –dicen los que creen– suele verse una sombra emponchada vagando por el camino que va para el lado del cerro, y si entonces uno le presta sus oídos a la noche, puede que escuche una risa colándose entre el viento, como si de pronto allá a lo lejos alguien se hubiera acordado de una broma muy antigua...

* Esta obra literaria ha sido elaborada con fines pedagógicos por el equipo de Prácticas del Lenguaje de la Dirección Provincial de Educación Primaria a partir del capítulo XXI de Don Segundo Sombra (1927) de Ricardo Güiraldes.

🔊 En este audio podés escuchar la lectura del cuento:


💡✍️Para pensar en esta historia

Ahora te proponemos pensar sobre esta historia. Luego responde en tu carpeta.

1. El pasaje en el que Miseria pide los tres deseos a Jesús nos deja pensando. Podría haber pedido que lo liberen de cumplir su pacto con el diablo. O que le den más años para andar por el mundo derrochando fortunas. Sin embargo, pide tres cosas que parecen descabelladas.¿Cuales son los tres deseos que pidió?

2.Algunas chicas y algunos chicos piensan que Miseria no pensaba lo que hacía. Otras y otros dicen que se empeñó en llevarle la contra a San Pedro. Hay quienes opinan que era muy inteligente. ¿A vos por qué te parece que pide lo que pide? Releé el pasaje y escribí tu opinión sobre Miseria y las razones por las que pidió esos deseos.

3.Varios lectores interpretan que en realidad Miseria era astuto e ideó un plan para burlarse de los diablos. Buscá en el texto y señalá algunas partes que den apoyo a esta interpretación.

4. Muchas chicas y muchos chicos han dicho que hay partes que les causaron gracia. ¿Te sucedió lo mismo? Si es así, señalá las partes del cuento que te resultaron graciosas.